Vendía su sangre para llegar a fin de mes y hoy tiene una fortuna de 2.000 millones de dólares: David Walentas, el magnate destacado por Forbes

Semejante número impacta: 2.000 millones de dólares. Ese es el patrimonio estimado de David Walentas, según la revista Forbes. Sin embargo, para llegar a este voluminoso presente, el magnate norteamericano de 88 años hizo “los trabajos que nadie quiere hacer”, dicho en sus propias palabras.

Nació el 7 de agosto de 1938 en Rochester, Nueva York. Su niñez estuvo marcada por la necesidad económica y la enfermedad de su padre, de ascendencia rusa y lituana, que trabajaba en la oficina de correos y sufrió un derrame cerebral que lo dejó paralizado cuando David tenía cinco años.

Su madre trabajaba el doble para llevar ingresos a la casa y mantenerlos él y a su hermano menor, con quien se llevaba solo un año. Durante la Gran Depresión la mujer no tuvo más alternativa que enviar a los niños a trabajar en granjas cercanas.

“Aunque no éramos huérfanos, nos sentíamos así, y era como ser esclavos por contrato“, expresó Walentas en una entrevista con la prestigiosa publicación.

David Walentas fue destacado por Forbes por su historia y millonario patrimonio. Foto: Captura Forbes.com

“Nos levantábamos a las cinco, ordeñábamos vacas, recogíamos estiércol, tomábamos el autobús escolar, volvíamos a casa y repetíamos la rutina”, detalló.

El frío del invierno se hacía sentir en cada cosecha y en verano el calor bajo el sol era agobiante. “Creo que la mayor lección que aprendí en ese tiempo fue que quería tener más éxito, pero no tenía un plan B para mi vida”, reconoció.

“El problema cuando eres así de pobre es que no hablas con nadie que sepa algo; la gente que yo conocía no iba a la universidad y nunca tuve un mentor a quien admirar o seguir”, manifestó.

Contra viento y marea, continuó con su educación. En el último año de secundaria vio un cartel de una beca del Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva Naval (NROTC), un programa universitario en Estados Unidos que forma líderes para la Armada y el Cuerpo de Marines.

Le cubrirían la matrícula, los libros y un humilde subsidio para gastos universitarios. Se inscribió por su cuenta en sus dos universidades preferidas: Harvard, porque la había oído nombrar a sus profesores, y la Universidad de Virginia.

“Dos semanas después recibí una carta donde me dijeron que había sido aceptado en el programa NROTC de la Universidad de Virginia. Fue un momento trascendental que me cambió la vida”, declaró a Forbes.

“La gente que conocí cambió por completo mi perspectiva de la vida, todos los chicos eran de clase media alta, venían de colegios privados, eran deportistas y participaban en el comité estudiantil”, explicó.

De limpiar fosas sépticas en el ejército a la gran apuesta en Nueva York

Su camino no fue un sendero directo al éxito. Trabajó en una base aérea estadounidense en Groenlandia, limpiando fosas sépticas para el ejército. “Es algo para lo que mis años en la granja me habían preparado bien; me metía en la fosa y limpiaba la suciedad de las paredes unas 10 horas al día, siete días a la semana”, recordó.

Tras dejar el ejército, graduarse y obtener un MBA, se mudó a Nueva York en 1966, con la intención de ejercer su máster en negocios. Consiguió trabajo en la consultora Peat Marwick, pero no le gustaba su profesión.

“Pasaba muchas noches deambulando por barrios marginales, sabía que necesitaba cambiar de profesión, me atraía la idea de construir y por supuesto, ser dueño de propiedades“, recordó.

Quiso probar suerte en el sector inmobiliario e hizo una gran apuesta por una zona marginal de Brooklyn para la que los bancos no querían conceder préstamos.

Tuvo que reunir inversores para que le adelantaran el dinero para financiar su proyecto y librar una dura batalla urbanística para obtener los permisos gubernamentales necesarios.

“Incluso vendí mi sangre -dijo haciendo referencia en realidad a la venta de plasma, el componente líquido de la sangre- para pagar comida muchas veces”, reveló.

Cabe aclarar que la comercialización de plasma sanguíneo es legal en los Estados Unidos. De hecho, según un informe publicado en enero de 2026 por el Grupo de Investigación sobre Sangre y Plasma de Georgetown, sobre el estado de la industria del plasma, las estimaciones de recolección de plasma sugieren que en 2025 los estadounidenses vendieron plasma más de 75 millones de veces.

Significa que esa industria inyectó más de 4.700 millones de dólares a través de las comisiones por donación, que rondan un promedio de 65 dólares por cada donante que aporta entre 850 a 880 ml de plasma.

El informe también indica que en los 50 estados hay más de 1.247 centros de recolección de plasma, casi tantos como restaurantes de comida rápida. Y cada centro de plasma proporciona empleo a entre 50 y 60 personas, por lo que se traduce a entre 62.000 y 74.000 puestos de trabajo en total.

El cálculo aproximado de la misma investigación académica postula que la red de plasma genera un movimiento anual económico de 9.800 millones de dólares.

Hechas las aclaraciones pertinentes, volvamos a la historia de Walentas. Tardó casi una década en establecerse en la Gran Manzana y encontrar la gran oportunidad de comprar un inmenso páramo industrial entre los puentes de Brooklyn y Manhattan, que había sido colonizado por artistas. El precio, inalcanzable para los mortales: 12 millones de dólares.

La comunidad no estaba interesada en remodelaciones y había repudio a las propuestas de rezonificación y renovación, preocupados por la gentrificación.

Parecía un imposible, pero paralelamente conoció a su futura esposa, Jane Walentas, artista plástica de profesión, y ella lo ayudó a mediar con los artistas y a codearse con poderosos inversionistas.

Así surgió la millonaria empresa inmobiliaria de David y Jane, Two Trees Management, que actualmente dirige uno de sus hijos, Jed Walentas.

David y Jane Walentas, un matrimonio visionario

El rol de Jane Walentas fue clave en el éxito de David y tan único como su historia de amor. Nacida como Jane Leslie Zimmerman el 6 de mayo de 1944 en Teaneck, Nueva Jersey, su padre, Sam, era dentista, y su madre, Shirley, ama de casa.

Jane siempre manifestó su pasión por el arte. Se graduó en el Moore College of Art & Design de Filadelfia en 1966. Dos años después ya era directora de arte independiente y buscaba un departamento que funcionara también como estudio.

David era un joven propietario de 30 años, divorciado después de un fugaz y fallido matrimonio, y tenía en alquiler un estudio por 80 dólares al mes en uno de los dos edificios que finalmente había logrado comprar en una precaria zona de Manhattan.

“Le pregunté si estaba su padre en casa, porque al ver a ese hombre desaliñado, descalzo y en bermudas, nunca pensé que sería el dueño del lugar”, confesó Jane sobre su primer encuentro con David, en una entrevista con el New York Times.

Jane y David Walentas, un longevo amor de medio siglo. Foto: AFP

“Cenamos esa misma noche y supe de inmediato que me casaría con él, aunque lo primero que me dijo es que nunca volvería a casarse. Por suerte cambió de opinión”, dijo la artista con humor en el mismo reportaje.

El cortejo no fue sencillo. Jane se alejó varias veces y él hizo todo tipo de gestos para reconquistarla. Incluso pintó su nombre en la fachada de uno de sus edificios, con letras de 15 metros de altura.

“Lo mejor que hice en mi vida fue seguir mi corazón y casarme con ella”, manifestó David. Contrajeron nupcias en 1973, y en ese momento estaban en plena disputa con grupos vecinales que presionaban para que la zona ribereña del barrio Dumbo de Brooklyn se convirtiera en un parque.

La ciudad y el estado se enfrentaron por la propiedad. En paralelo Jane recurrió a sus contactos con clientes coleccionistas de arte y se los presentó a su esposo para que charlaran de la proyección económica si se sumaban como inversionistas.

David, por su parte, llamó a su excompañero de universidad Jeff Byers, quien no dudó en ser su socio inicial, desempeñó un papel fundamental en el crecimiento de la empresa y también introdujo a Walentas en el mundo del arte. Luego se sumó también la cosmética Ronald y Leonard Lauder, con un generoso préstamo.

La zona DUMBO que finalmente compró David Walentas junto a su esposa Jane. Foto: Google Maps

El plan inicial para incluía un puerto deportivo, paseo de tiendas y un carrusel, lo que no entusiasmó a los vecinos. “Hablamos de los años ’70, eran una pareja de promotores inmobiliarios visionarios“, explicó Susan Feldman, directora artística de larga trayectoria de St. Ann’s Warehouse, en diálogo con el New York Times.

“Eran muy cuidadosos sobre a quiénes contrataban, querían compromiso, y fue Jane quien realmente comprendió la experiencia de vivir manzana por manzana”, agregó Regina Myer, presidenta de Downtown Brooklyn Partnership.

“También dimensionó la magnitud de los cambios que se estaban produciendo y sabía que había que apoyar a los artistas individuales y su creación artística”, enfatizó Myer.

El matrimonio Walentas negoció un acuerdo con el gobernador Mario Cuomo, que le permitía comprar el barrio Dumbo, y al mismo tiempo, proteger a los inquilinos durante un lapso garantizado de 10 años.

El carrusel finalmente se inauguró en 2011 y lleva el nombre de Jane Walentas. Foto: Captura YouTube @janescarousel3211

Jane, que desde entonces fue conocida como “la señora Walentas”, creó la estética de las rehabilitaciones arquitectónicas a través de la empresa familiar Two Trees Management.

Sus ideas transformaron edificios abandonados, como la Torre del Reloj, la antigua sede de una fábrica de cajas de cartón, en lujosos condominios. También se centró en la programación de actividades en el barrio, no solo en el comercio y los parques, sino también en importantes subvenciones para las artes.

Como broche de oro, Jane dedicó más de 20 años a restaurar a mano un carrusel centenario. Ese fue su regalo para el barrio costero de Brooklyn que ayudó a desarrollar junto a su esposo y en 2011 se realizó la inauguración del “Carrusel Jane“.

El Jane's Carousel en el Brooklyn Bridge Park, en la zona de DUMBO, a orillas del East River de Nueva York. Foto: Captura YouTube @janescarousel3211

Juntos lideraron la remodelación del barrio costero de Dumbo (cuya sigla significa “Down Under the Manhattan Bridge Overpass”, Debajo del Puente Elevado del Paso de Manhattan), donde instalaron más de dos docenas de propiedades residenciales y comerciales.

David y su esposa estuvieron casados 47 años, hasta la muerte de Jane, quien falleció en julio de 2020 a los 76 años tras batallar contra un cáncer de pulmón.

Las seis recomendaciones de David Walentas para ser millonario

Walentas, viudo y con un bajo perfil mediático a los 88 años, suele usar gemelos con su lema personal: “Sin agallas no hay gloria“.

Cada vez que le preguntan cómo hizo para pasar de trabajar en una granja a construir un imperio inmobiliario multimillonario, responde con las siguientes seis lecciones de vida que le resultaron efectivas para forjar su patrimonio:

1. Hacé los trabajos que todos odian.

Walentas asegura que nunca despreció ningún trabajo y buscó maneras de aprovechar las opciones que otros evitaban. Su filosofía se resume a la frase: “Afrontar la incomodidad y avanzar hacia la oportunidad”.

2. Buscar visibilidad puede cambiar tu destino.

Walentas argumenta que en sus tiempos universitarios lo ayudó la exposición a nuevas realidades, oír otros discursos e historias de vida. “Gracias a mi participación en una fraternidad, mi visión se amplió rápidamente, así que siempre es bueno diversificar tu mirada del mundo”, recomendó.

3. Si no podés administrarlo, no lo compres.

Walentas cree en administrar de forma personal todos los bienes que adquiera y delegar lo menos posible las finanzas. Rememoró lo que pasó con su primera gran inversión, una pequeña casa de campo cerca de Charlottesville, que compró por 30.000 dólares. Si bien los ingresos por el alquiler de la propiedad ayudaron a cubrir la hipoteca, una mala gestión dejó la propiedad vacía durante meses.

“Hoy esa casa vale probablemente 20 millones de dólares, pero tuve que venderla hace mucho tiempo por poco dinero, porque los gastos que generaba me dejaban en la ruina, y aprendí a la fuerza que si no puedo gestionarla, no debería ser mía”, recalcó.

4. Agudizá tus instintos.

Walentas tiene la convicción de que todas las personas deben intentar descubrir lo que les apasiona y perseguirlo durante toda su vida. “Todos tenemos intereses diferentes, todos hemos sido jóvenes y hemos visto el mundo entero de posibilidades frente a nuestros ojos, y si fracasás, revisá qué pasó, agudizá tus instintos y volvé a empezar”, aconseja.

5. Tenés que dar grandes saltos.

“Yo empecé comprando propiedades que nadie quería en Manhattan, cuando nadie creía que el barrio industrial de Dumbo podría convertirse en un lugar de moda”, enfatizó.

No tuvo apoyo de entidades municipales ni bancarias, por lo que el salto de fe fue personal. “Es difícil convencer a multimillonarios que no te conocen para que te respalden con 6 millones de dólares en préstamos privados, pero cuando las cosas se ponen imposibles tenés que recordarte a vos mismo que no podés rendirte”, indicó.

6. Elegí a tu pareja ideal con solo dos requisitos: amor y compañerismo.

“No les enseñamos lo suficiente a nuestros hijos lo importante que es elegir a la pareja adecuada”, reflexionó David. Siempre le atribuye gran parte de su éxito a su esposa. “No existiría Dumbo sin Jane; ella fue mi compañera de trinchera en en todo esto; cuando todos se rindieron, nosotros no, y seguimos adelante juntos”, concluyó.



Fuente: www.clarin.com

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